La necesidad de un Estado independiente vasco
es un artículo del miembro de la Red Vasca Roja Iñaki Gil de San Vicente escrito para la revista BOLTXEVIKE el 22 de agosto de 2001.
LA NECESIDAD DE
UN ESTADO INDEPENDIENTE VASCO
1.- ALGO DE HISTORIA Y TEORÍA GENERAL:
El Estado es una invención reciente en la larga historia humana, y su futuro dependerá de la superación histórica de los sistemas explotadores y opresores. La antropología y la historia críticas han demostrado cómo la humanidad ha vivido sin Estado durante decenas de miles de años. Se puede decir que el primer embrión estatal aparece cuando los hombres, el sistema patriarcal, convierten a las mujeres en simples fuerzas productivas económicas y sexuales, en su propiedad privada. Ese embrión va creciendo conforme a la explotación de las mujeres se le añade la obtención de esclavas y esclavos de otros pueblos lo que supone la opresión etnonacional, que exige de una centralización burocrática suficiente por el pueblo opresor para agilizar el proceso entero de extracción de beneficios esclavistas. La última y definitiva causa de la aparición del Estado es la instauración de la opresión interna de los hombres del pueblo opresor de otros pueblos y de sus propias mujeres. Es decir, la aparición de las clases sociales y con ella, de la lucha de clases dentro del pueblo. Naturalmente, este proceso ha sido más mucho más complejo y entremezclado que el simple resumen que hemos realizado.
Una obsesión constante de los poderes era -es- debilitar o destruir la cohesión y unidad de las mujeres, pueblos y clases sociales explotadas. Destruir sus libertades y formas societarias, laborales, culturales y vivenciales, su independencia y libertad, sus formas de autogobierno, sus Estados si los tenían. Se buscaba -se busca- impedir sus resistencias y, sobre todo, que recuperasen su libertad y aumentasen su fuerza defensiva y ofensiva. El poder opresor quería -quiere- destrir el poder defensivo de las masas oprimidas. Impuesta la indefensión, la debilidad y/o la derrota, el excedente global --económico, reproductivo, sexual, cultural, afectivo, etc.- producido por esas masas, por las mujeres, esclavos y trabajadores, fluía -fluye- hacia las arcas de la minoría dominante. Los Estados surgen en y de los avatares y resultados de esa lucha. Son partes internas a esas luchas y crecen o decrecen según aumentan o se extinguen las contradicciones sociales que originan las opresiones y las resistencias contra ellas.
La función esencial del Estado capitalista es garantizar la acumulación ampliada, multiplicar la extracción de excedente colectivo de las masas oprimidas. Su monopolio de la violencia encuentra aquí su razón de ser porque la violencia puede garantizar que se mantenga o se reinstaure la producción social y apropiación privada de excedente, pero aun admitiendo su importancia, el papel clave del Estado radica en el hecho substancial e interno de garantizar la explotación. El monopolio estatal de la violencia es una parte de esta función sistémica, un subsistema muy importante pero dependiente en cuanto subsistema de la efectividad sistémica de la producción, apropiación y expropiación del excedente colectivo. Por tanto, cualquier debate sobre los Estados, sobre su necesidad, razones y funciones, sus objetivos, etc., nos remite siempre a la dialéctica entre opresión y liberación. Ningún Estado queda libre de dicha dialéctica y el secreto último de su existencia se revela definitivamente al superarse la explotación, no antes.
2.- ALGO DE HISTORIA Y TEORÍA VASCA:
La ausencia de documentación fiable nos impide retroceder mucho en el tiempo, pero es imaginable la existencia de una centralidad etnonacional efectiva en el siglo VIII para derrotar a Carlomagno en Orreaga, por poner sólo un ejemplo. No he recurrido a una batalla por casualidad, sino porque es en las guerras de resistencia nacional en donde más palpablemente se comprueba la capacidad de un pueblo para dotarse de instrumentos de autogobierno, o si se quiere, de un proto-Estado; de hecho, la guerra en sus dos formas opuestas, la justa y la injusta, ha sido uno de los factores impulsores de la creación de Estados liberadores u opresores. Pero, insistiendo en lo anterior sobre el papel de la violencia, la guerra y la defensa nacional justa es sólo expresión de un proceso más profundo, cual es la voluntad colectiva de defender a toda costa lo propio, lo que identifica a ese colectivo, lo que ha ido creando y construyendo con el trabajo material y simbólico común, ese excedente global que generación a generación el pueblo ha acumulado y guardado en forma de lengua, cultura, tradiciones, tierras, casas, bosques y campos, ganado, puentes, instalaciones, tesoros y riquezas de cualquier tipo. Además, en las resistencias nacionales también se expresan las contradicciones de género y clasistas existentes en ese pueblo de modo que son muchas las lecciones que se pueden extraer.
Hasta antes del triunfo total del capitalismo como modo de producción dominante, Euskal Herria pasó varias fases históricas en las que dispuso de capacidades de autogobierno reflejo de las contradicciones internas y de las presiones y agresiones externas. Fue un proceso de pérdida progresiva aunque lenta y con períodos de relativa continuidad de los sistemas impuestos por las potencias extranjeras y aceptados por las clases sociales entonces dominantes. El ejemplo de la invasión de la parte peninsular de Nafarroa en 1512 es paradigmático. Se puede hablar de la tendencia expansiva de una fuerza destructora de la capacidad de autogobierno soberano euskaldun, fuerza formada por la alianza entre los intereses expansionistas de los Estados español y francés y los intereses socioeconómicos y culturales de las clases dominantes vascas, la burguesía comercial para decirlo muy brevemente. Esta fuerza no es otra que la implacable necesidad de la economía mercantil y comercial burguesa de ampliar no sólo sus mercados, que también, sino sobre todo los espacios de geografía material y simbólica en los que asegurar la producción del excedente, su extracción y/o expolio. La progresiva centralización estatal juega un papel clave en la fusión creciente entre mercado y geografía material y simbólica. Y la vertebración de los Estados expansionistas extranjeros, nucleados en Madrid y París, conlleva la desvertebración de las naciones aplastadas por esas fuerzas imperialistas.
Ambos procesos, centralización y vertebración, fueron apoyados por la burguesía comercial necesitada de aumentar sus beneficios privados aunque ello supusiera la destrucción brutal de su propio país en cuanto sistema nacional de producción precapitalista, usando la definición de Marx al estudiar el capital comercial en el Libro Tercero de El Capital. La total y definitiva victoria del régimen de producción capitalista culmina cuando su supremacía económica ya establecida anteriormente es reforzada e impulsada por su victoria estatal, política, militar, ideológica, cultural, ético-moral, etc. En Euskal Herria este proceso duró desde finales del siglo XVIII, cuando la revolución burguesa en el Estado francés arrasó los restos forales en Iparralde, hasta la primera década siglo XX cuando en Hegoalde la recién estrenada burguesía industrial y financiera vasco-españolista fue clave en la creación de España. La base material de este proceso radica en el hecho objetivo de que la nación no es un ente ideal y abstracto, o a lo sumo estrictamente cultural y lingüístico, que también, sino que sobre todo es una fuerza social de trabajo, capaz de producir ingentes beneficios. Engels le dijo a Borgius de 1894 que: "Nosotros (él y Marx) vemos en las condiciones económicas lo que condiciona en última instancia el desarrollo histórico. Pero la raza es, de suyo, un factor económico". La burguesía comercial vasca quería explotar al máximo a su pueblo como mero "factor económico" pero las viejas formas políticas y administrativas precapitalistas del Régimen Foral lo impedían y frenaban el desarrollo de la economía capitalista ya dominante en muchas facetas, pero no en todas. Las oficialmente llamadas "guerras carlistas", en realidad guerras de resistencia del viejo sistema nacional de producción precapitalista, resultaron del choque civilizacional entre ese sistema nacional euskaldun precapitalista y el sistema extranjero y erdaldun capitalista. La burguesía comercial se alió con el Estado español para destruir el sistema precapitalista y su forma nacional correspondiente e imponer el capitalismo estatal español.
3.- ESTADO, CAPITALISMO Y NACIÓN:
Durante el siglo XX los Estados español y francés han impedido por todos los medios que Euskal Herria crease su propio Estado y fuera independiente. Saben tan bien como nadie que un pueblo oprimido tiene muy difícil sobrevivir en el futuro si carece de Estado. Saben que sin un Estado propio el pueblo no tiene apenas recursos para detener la sangría expoliadora que padece y que le va debilitando como un cáncer mortal. Pero sobre todo, saben que una nación ocupada e indefensa rinde muchos beneficios, produce muchas riquezas y muchos excedentes, tantos que no dudan en recurrir a la fuerza bruta para mantener la ocupación. Es cierto que la valoración de la riqueza se hace en función del contexto sociohistórico, pero mientras dure la economía dineraria en general, el capitalismo en particular, y dentro de éste sus formas concretas de articulación de las burguesías española y francesa, mientras sea así, siempre existirán determinantes generales, particulares y concretos que permiten al ocupante valorar con cierta exactitud los beneficios que extrae del expolio del pueblo ocupado. Y viceversa, estas determinaciones estructurales -la economía dineraria, su expresión particular capitalista y las formas concretas de las burguesías estatales actuales- tienen diferentes escalas de tiempo pero nos remiten definitivamente a las contradicciones internas del modo de producción capitalista, son las que también permiten al pueblo ocupador valorar cuanto pierde, cuanto sufre y qué es lo que está juego.
Muy sintéticamente, podemos dividir en dos grandes bloques iniciales las ganancias de la expoliación. En el primero, el bloque material, están los bienes directamente relacionados con el beneficio económico, desde impuestos y aportaciones de cualquier tipo hasta las múltiples ganancias que el Estado obtiene por el monopolio, control y administración internacional, costera, científica, etc.; también hay que considerar en este bloque todo lo relacionado con la defensa militar del Estado ocupante y cómo éste puede utilizar al territorio y pueblo ocupados en sus transacciones, pactos o deudas internacionales, y los ejemplos son tan abundantes que no merece la pena extendernos. En el segundo, el bloque simbólico, están las gratificaciones psicopolíticas, culturales, ideológicas, religiosas, etc., que el Estado ocupante obtiene y que refuerzan su poder interno y externo, su nacionalismo imperialista, la ideologización alienada de sus clases oprimidas, el fanatismo de sus fuerzas represivas, etc. Hay que decir que en el capitalismo actual se está produciendo una fusión entre los beneficios materiales y los simbólicos de modo que la ocupación nacional permite inmensas ganancias a la burguesía mediante la industria del espectáculo, del ocio y la mercantilización de las culturas e identidades. Tampoco olvidemos los beneficios sexistas que obtiene el sistema patriarco-burgués opresor dada la imbricación existente entre el machismo y el nacionalismo imperialista, imbricación que se muestra en el contenido falocéntrico y misógino de la brutalidad represiva y que, por cuanto se anclan en lo profundo de la larga historia de opresión patriarcal, recorren internamente todos los beneficios simbólico-materiales descritos.
La necesidad de un Estado independiente surge de, primero, la urgencia inmediata de detener esta expoliación sangrante; segundo, la necesidad de recuperar y reconstruir lo dañado por siglos de saqueo y destrucción y, tercero, la urgencia de construir y crear una nación nueva. Los beneficios simbólico-materiales que extraen los Estados opresores nos explican los objetivos que debemos plantearnos de inmediato, ahora mismo, porque es obvio que necesitamos detener, parar, acabar ya con la presión que sufrimos. No hace falta decir más sobre esto. Necesitamos ahora mismo recuperar y reconstruir lo dañado y, simultáneamente, seguir construyendo nuestro futuro. No se trata de hacerlo todo a la vez sino de marcar las prioridades y urgencias en estos tres niveles básicos. Es imposible hacerlo todo a la vez porque, de un lado, el nivel de conciencia y autoorganización obrera y popular tiene todavía fuertes altibajos y hay que ser conscientes de ello y, de otro lado, aún no conocemos plenamente los problemas futuros y algunos o muchos de ellos nos son desconocidos. La construcción de algo nuevo siempre se sustenta no sólo en lo ya sabido, reconstruido y recuperado, sino también en las perspectivas que se abren y descubren dentro de lo que se va creando. Se hace camino al andar.
Un Estado independiente es el instrumento que nos permite andar mejor y más rápido. Quiere decir esto que también andamos sin Estado propio, como lo lleva demostrando durante años además de la izquierda abertzale, el movimiento popular vasco en su conjunto y múltiples colectivos y grupos de voluntariado social. Pero es una andadura lenta, insegura, muy cara en sacrificios y costos personales, y encima premeditadamente obstaculizada cuando no reprimida por fuerzas regionalistas interesadas en mantener el sistema dominante, que no sólo por los Estados español y francés y la alta burguesía de origen vasco. No podemos repasar ahora la historia del PNV y de los regionalistas de otras partes de Euskal Herria, con componentes suyos que incluso apoyaron al nazismo que no sólo al franquismo. Nuestra andadura anterior ha sido dificultada por los intereses clasistas de la mediana burguesía que manipula en su favor al conjunto de la población trabajadora asalariada, autónoma y/o pequeño burguesa, y estas fuerzas también frenan actualmente el proceso. Recordemos las lecciones de Lizarra-Garazi.
En realidad, hablamos de una de las facetas de la lucha de clases en el interior de Euskal Herria y de su imbricación en el proceso de liberación nacional. Sectores significativos del pueblo trabajador identifican la liberación nacional con la superación de la explotación clasista, uniéndolo todo en un proyecto de lucha contra la opresión global en el que, junto con la emancipación de género, se busca la resolución de las contradicciones estructurales que padece Euskal Herria y que son inseparables de la opresión nacional. Su sujeto activo y dirigente es el pueblo trabajador y dentro suyo la clase obrera, y dentro de la clase obrera la clase obrera industrial. Ahora bien, este complejo decisivo es incomprensible sin el papel nucleador de la mujer trabajadora. El modelo de Estado independiente a construir es parte de dicha concepción; es un medio y una táctica para solucionar esas contradicciones y carecería de sentido de no estar dentro de una estrategia de emancipación nacional, clasista y de género. El pueblo trabajador es sujeto colectivo dirigente por la misma naturaleza de la nación como "factor productivo", como fuerza trabajadora colectiva, como nación trabajadora que todavía no ha dispuesto de los recursos necesarios para lograr que los productos del trabajo social, colectivo y mayoritario, sean socialmente distribuidos en vez de acaparados por una minoría dominante y los Estados opresores.
Una nación trabajadora explotada por el capitalismo necesita vitalmente de un Estado propio para detener la sangría expoliadora, reconstruir lo destruido y construir la soberanía. La transitoriedad del Estado, que él mismo impulse su autoextinción, viene de que la nación trabajadora sólo puede ser libre cuando supere definitivamente la explotación nacional asalariada; cuando se hayan extinguido las ciegas fuerzas de la explotación de la fuerza de trabajo colectiva, nacional. Debe ser otro Estado, otra forma-Estado porque, obviamente, el anterior no sirve en absoluto. Un Estado en el que la democracia socialista, el poder popular autogestionado desde las bases y relacionado con las cooperativas, consejos obreros y comités de fábrica, comités vecinales y toda serie de movimientos y colectivos, tenga las más eficaces tecnologías en comunicación horizontal, libre y multidireccional, transparencia en la administración pública, acceso a los antiguos secretos burocráticos y a los datos más recientes y aparentemente secundarios.
Un poder popular que no delegue la autodefensa nacional en una minoría selecta y separada, corporativista y bien pronto incontrolable, y que desarrollo sistemas populares y múltiples de autodefensa nacional. Un poder que desarrolle una política económica tendente a la superación de la ley del valor y de la dictadura del salario, que potencie el sector público, las relaciones directas entre productores y consumidores, que acabe con los derechos burgueses al secreto y a la fuga de capitales, que priorice los derechos colectivos sobre el egoísmo burgués. Un poder que multiplique exponencialmente la creación lingüístico-cultural, artística, científica, folclórica; que dirija hacia nuevos objetivos el potencial crítico e investigador del pueblo trabajador y que avive un debate constructivo sobre la urgencia del ahorro energético para reducir drásticamente la contaminación. Un Estado, en suma, consciente que cuanto más avance la liberación global de la nación trabajadora vasca antes se extinguirá él, y que el ritmo de su extinción indicará el ritmo de creación de una nueva Euskal Herria.
EUSKAL HERRKIA 2001-08-22